El último día, del resto de sus días

Una anciana mira el reloj de pared,
Mientras piensa en cuántas veces…ha dado vuelta ya
El reloj de su vida,
Llora, solloza, mira otra vez, pero no se tranquiliza,
Esta mujer, viuda hace más de 9 años,
Ya no tiene que hacer…

Sus hijos viven en algún lugar de Europa,
Su capacidad para comunicarse con ellos ahora,
Contrasta mucho con la que tenía 10 años atrás,
Tanto como contrastan sus sentimientos con los de una roca.

La anciana se acerca a la ventana,
Corre la cortina,
Dejando entrar la luz de la luna eterna,
Aquél satélite al cual ya le ha visto todas sus caras,
Abre la ventana de para en par,
Apoyando sus manos en el marco
Y con un titánico esfuerzo,
Al poner un pie primero y luego el otro
Logra subirse al borde de la ventana,
Baja la mirada hacia la calle,
Luego mira la luna por última vez,
Se despide de esta.

Observa los lugares que la vieron nacer.

Después de un fallido intento
De recordar los rostros de sus hijos,
Pone un pie fuera del edificio,
Al aire, al borde del descanso eterno,
La sandalia emprende el viaje primero,
Para la mujer esta cae como una pluma,
Pero al llegar al suelo,
La anciana ve como para la sandalia la vida continua.

Centra ahora la mirada,
En las paredes del edificio,
Ubicadas justo debajo de sus pies,
Se asegura que sea un viaje seguro,
Sin ningún cordel ni mástil vecino.

Luego de un último intento,
De recordar el rostro de su marido,
Y de solo conseguir su sonrisa y ojos,
Centra estos últimos en el pavimento allí abajo.

Se suelta de las manos…
Dejando que la gravedad…
Realice su trabajo…

La brisa peina su cabello como en su juventud,
Como cuando en bicicleta volaba
Por cerros y dunas en la costa,
Cuando visitaba a sus familiares del puerto,
Mentalmente…
Los ojos de su marido
Toman cada vez mayor dimensión.

Se siente tan liviana como cuando niña,
Cuando su padre la impulsaba en vaivenes interminables
En los columpios de la plaza mayor, interminables…
Le parece aún sentir en sus manos las cadenas,
Y las aprieta fuertemente para no concluir el viaje
Y caer del columpio de la muerte.

Ahora lanza miradas para todos lados,
Ventanas cerradas, personas en los balcones,
Con una expresión aún inmutable
Parecieran no ver lo que acontece,
Gatos, escaleras de emergencia, caños, tuberías, mástiles,
Pasan a una velocidad espeluznante.

Pero ya no le queda vida,
El suelo, la muerte y su destino, han llegado
Un último suspiro de la anciana…y el impacto.

No hay comentarios.: