Tu cariño lo atezoro;
Como el agua que beben,
Los árboles de la plaza antaña;
Como las sombras que ellos comparten
Para que nos detengamos a observar
Los niños jugar, las hojas nadar en la brisa;
Por un instante, toda la vida hace el amor.
Tú
Como el misterio que desvela la neblina
Mi alma se quema con lo ingrato de los días
Mas tu alegría revive la ceniza
Con tu amor labrador
Como el Amazonas esculpe la tierra.
Dímelo mujer
Cómo es que haces para comprender a este niño
Que en los campos del amor su corazón
Aún no aprende arar ni cultivar,
Que juega ser hombre en el estío de tu lecho,
Tan caprichoso como las olas invernales.
Quisiera yo, ver nuevamente tu mirada
Involucrada con la muerte del Sol,
Con el dorado que hipnotiza tu sonrisa,
Con el viento que graba aquel recuerdo
Como cincel escribiendo la piedra,
Aquel instante bello en atmósfera marina.
Eres los aromas
De una receta suculenta,
Luz que ilumina a la mujer que la prepara,
Yo soy el pequeño
Que aguarda aferrado al delantal
Con hambre de vida,
Su alma riendo frente la mesa puesta.
Gracias por respirar
A mi lado un trozo de nuestras vidas,
Por caminar delcalza, con total confianza,
Hundiendo nuestros pies en la maraña diaria.
Gracias
Preciosa joya de la Cruz del Sur,
Por ser mujer, mujer a mi lado
En aquellos latidos de volcán activo,
En estos versos para ti creados.