Era una expresión casi lujuriosa
La de esa tarde de ocaso con nubes de terciopelo,
Bien podría haber sido el fin del mundo
O una batalla entre los dioses del día y la noche.
Y tú parecías flotar como cartas de semilla,
Con tu bicicleta rodeabas los montes de flores
Que el vecino había dispuesto para el mundo,
Para que combinaran con las sonrisas
De los niños del barrio que tejían alegrías.
La noche se acercaba lento, se arrastraba
Y las mesas se empezaban a preparar
El pan caliente y los manteles de colores
El tesito dulce o una leche más inocente
Todo parecía amasado por manos extrañas.
Luego las sombras apagaban los rincones
Y los niños entraban a sus casas
Con sus estómagos relinchando
Y cuadernos que los esperaban:
Miles de libros en blanco.