Lunando

Deixa eu te contar, 

meu grande amor

que a lua pousou-se no céu,

ela parece estar tão perto!

Pelas finas crateras rugosas

queria arrastar meus dedos.


Sonhando me farei pequeno, darei

um pulo no redondo espelho

deixando em cada canto

flores explosivas 

de cores jamais tocadas

pelos botânicos olhos teus.


E se te atreves nesta noite

quando derretem-se até os ossos

sonha comigo também,

pousemos as costas na fria argila,

deixemos pender as pernas

repousa elas como frutas

no vazio eterno do firmamento.


Deixa te ver depois andar 

alegre nos mares lunares, 

murmura uma canção em cada beira 

colhe cada uma das flores explosivas.


Enche teu sangue com os aromas

adorna teus olhos com as cores

molda teus vestidos com as formas.

E quando quiseres, volta a mim 

na janela estarei aguardando por ti.

DE PROFUNDIS


Há um restolhal, onde cai uma chuva negra.
Há uma árvore marrom, ali solitária.
Há um vento sibilante, que rodeia cabanas vazias.
Como é triste o entardecer
Passando pela aldeia
A terra órfã recolhe ainda raras espigas.
Seus olhos arregalam-se redondos e dourados no crepúsculo,
E seu colo espera o noivo divino.
Na volta
Os pastores acharam o doce corpo
Apodrecido no espinheiro.
Sou uma sombra distante de lugarejos escuros.
O silêncio de Deus
Bebi na fonte do bosque.
Na minha testa pisa metal frio
Aranhas procuram meu coração.
Há uma luz, que se apaga na minha boca.
À noite encontrei-me num pântano,
Pleno de lixo e pó das estrelas.
Na avelãzeira
Soaram de novo anjos cristalinos.


Georg Trakl (1912)

La chanson d'Aengus le Vagabond

J'allai jusqu'au bois de noisetier

Parce qu'en ma tête brûlait un feu,

J'en coupai et pelai une branche,

Au bout d'un fil j'accrochai une baie

A l'heure où l'on voit voler les phalènes blancs

Et que vacillent les étoiles, ces autres phalènes ;

Dans un ruisseau je jetai ma baie

Et pris une petite truite argentée.

Quand je l'eus déposée sur le sol

J'allai souffler le feu,

Mais j'entendis un frisson sur le sol

Et quelqu'un m'appeler par mon nom :

C'était maintenant une femme radieuse,

Dans ses cheveux des fleurs de pommier,

Qui m'appelait par mon nom et s'enfuit

Et s'évanouit dans la lumière qui montait.

Bien que je sois vieilli d'avoir tant erré

Par les creux et les collines de la terre,

J'irai découvrir où elle s'en est allée

Baiser ses lèvres et lui prendre les mains

Parmi les hautes herbes tachetées de couleurs

Et cueillir jusqu'à la fin des temps

Les pommes d'argent de la lune

Les pommes d'or du soleil.



Poème traduit de l'anglais par Jean BRIAT,


( William Butler Yeats - Cinquante et un poèmes - William Blake & Co. Edit.)

extrait:"Le vent dans les roseaux"

retorno


no sé cómo ocurrió,
no logro distinguir,
la primera rabieta sin sonreir,
todo parecía ir viento en popa,
yo te adoraba, sabes, qué digo
tú me hacías traspirar de placer

ahora que acuso tu ausencia
regreso a pedir tu auxilio
medio ciego, medio calvo,
algo impotente, te diré

qué misterio explicará el raro hecho
que mi palabra se enmudeció,
las letras empezaron a callar,
las piedras empezaron a permanecer
quietas, sin gracia, sin vida

sé que tú sigues ahí
como siempre esperándome
con tus venas abiertas
mas, el panorama se ve difícil
he perdido práctica
ya no sé cómo tocarte

antes que empiece entonces
a tirarme los pelos
tendré que tomarte por la fuerza
bailarás conmigo
aunque el piso mismo se niegue

quiero eso sí
que esto quede en claro
tú eres la única culpable,
con tus curvas insinuantes
tu sonrisa delirante
uno no es de mármol

será que corramos suerte
ambos, juntos
salgamos bien de esta,
la noche es larga
y la vida es bien gruesa

Plegaria del estudiante (Humberto Maturana)

¿Por qué me impones
lo que sabes
si quiero yo aprender
lo desconocido
y ser fuente
en mi propio descubrimiento?
El mundo de tu verdad
es mi tragedia;
tu sabiduría,
mi negación;
tu conquista,
mi ausencia;
tu hacer,
mi destrucción.
No es la bomba lo que me mata;
el fusil hiere,
mutila y acaba,
el gas envenena,
aniquila y suprime,
pero la verdad
seca mi boca.
apaga mi pensamiento y
niega mi poesía, me hace
antes de ser. No quiero la
verdad, dame lo desconocido.
Déjame negarte al hacer mi
mundo para que yo pueda
también ser mi propia
negación y a mi vez ser
negado. ¿Cómo estar en lo
nuevo sin abandonar lo
presente? No me instruyas,
déjame vivir viviendo junto
a mí; que mi riqueza
comience donde tu acabas,
que tu muerte sea mi
nacimiento. Me dices que lo
desconocido no se puede
enseñar, yo digo que
tampoco se enseña lo
conocido y que cada hombre
hace el mundo al vivir.
Dime, que yo tejeré sobre tu
historia; muéstrate para que
yo pueda pararme sobre tus
hombros. Revélate para que
desde ti pueda yo ser y
hacer lo distinto; yo tomaré
de ti lo superfluo, no la
verdad que mata y congela;
yo tomaré tu ignorancia
para construir mi inocencia.
¿No te das cuenta de que
has querido
combatir la guerra
con la paz, y la paz
es la afirmación de la guerra ?
¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la injusticia
con la justicia,
y que la justicia
es la afirmación
de la miseria?
¿No te das cuenta
de que has querido combatir
la ignorancia
con la instrucción
y que la instrucción
es la afirmación
de la ignorancia
porque destruye
la creatividad?
Tu conocimiento
nos muestra el mundo
o lo niega,
porque es la historia
de tus actos,
o lo negará porque
despertando tu imaginación
te llevará a cambiarlo
Deja que lo nuevo
sea lo nuevo
y que el tránsito
sea la negación del presente;
deja que lo conocido
sea mi liberación,
no mi esclavitud.
No es poco lo que te pido.
Tú has creído
que todo ser humano
puede pensar,
que todo ser humano
puede sentir.
Tú has creído
que todo ser humano
puede amar y crear.
Comprendo pues tu temor
cuando te pido
que vivas
de acuerdo a tu sabiduría
y que tú respetes
tus creencias;
ya no podrás predecir
la conducta de tu vecino,
tendrás que mirarlo;
ya no sabrás
lo que él te dice escuchándote,
tendrás que dejar poesía
en sus palabras.
El error será
nuevamente posible
en el despertar
de la creatividad,
y el otro tendrá presencia.
Tú, yo y él tendremos
que hacer el mundo.
La verdad perderá
su imperio
para que el ser humano
tenga el suyo.
No me instruyas,
vive junto a mí;
tu fracaso es
que yo sea
idéntico a ti.

La Gran Sorpresa

La luz cálida del Sol comenzaba a filtrarse entre las cortinas. Era una mañana de sábado, 8 a.m. y Esteban estaba en pie. Lavó sus manos, rostro, dientes; se vistió con la ropa preparada por su papá antes de dormir y abrió las cortinas para ver el cielo despejado de aquel día prometedor. Luego, mientras bajaba las escaleras, imaginaba lo que su papá le habría preparado. Pasaron por su cabeza una bicicleta, un auto a control remoto, una torta de mil hojas de dos metros de alto y hasta una pequeña piscina en el baño. Pero, lo que le había quitado el sueño por horas era aquel patio amplio, un gran patio donde se tendía en el pasto, se columpiaba bajo un árbol, jugaba al fútbol con pequeños arcos y, tras abrirse un portón, aparecía ese pequeño...
– Esteban, hijo – el pequeño abandonó el patio de su imaginación y se encontró, no recordando cómo, tomando desayuno e, incluso, había devorado ya algunos panqueques - ¿Qué te pasa hijo? Vaya que estás distraído esta mañana. No querrás que nos atrasemos, mira que el viaje es un tanto largo.
– ¿¡Viaje!? - El pequeño no pudo dejar de abrir la boca con un gesto bobo que dibujó una sonrisa en el rostro de su papá.
– ¡Ah! Sí, aún no te cuento nada de la sorpresa.
– ¿Viaje? - Ahora una sonrisa iluminaba el rostro del niño, que al instante se tornó en duda y una pequeña pausa- ¿Vamos a salir?
– Sí, hoy vas a conocer el mar – Y así, como si nada, Alfredo le daba esa bomba de noticia a su hijo, su único hijo quien, de sus nueve años, seis los había pasado en esa casa debido a una extraña enfermedad. Enfermedad que hacía de ese hogar un sitio con mayor limpieza que cualquier habitación de hospital. Atento en un panqueque en la sartén, Alfredo miró de reojo al pequeño que parecía haber quedado sin habla – ¿Qué te pasó? Parece que hubieses visto un fantasma, ya hemos hablado de eso y...
- ¿El mar? - Nada en el rostro de su papá indicaba que eso fuese una broma, y eso era extraño, pues Esteban ya era un experto en percibir eso.
- La sorpresa menor de hoy es que el doctor Huenúl me contó una muy buena noticia, has tenido un gran avance en tu recuperación. Y por eso, tomando algunos cuidados, podremos salir de casa. Pero la sorpresa mayor es que aprovecharemos e iremos a la playa, ¿Qué te parece?
Entre risas, llantos, trotes hacia su pieza, cocina, baño, y amontonar cosas para el viaje en el living, un eufórico Esteban le mostraba a su padre que la vida con tales noticias es un espasmo de alegría. Así, en tan solo un instante, el primerizo viajero estuvo preparado para abordar.


Vacas, árboles, casas, sembradíos, riachuelos, todo esto hacía brillar los ojos de Esteban, quien preguntaba el nombre de cada nuevo objeto, repitiéndolo siempre, para grabarlo a fuego en su memoria. Además, ¡Qué fantástico era eso de andar en automóvil! Ahora entendía por qué su papá tenía
tantas revistas del tema. Parecía al pequeño que iban rápido como el viento; que podrían, faltaba comprobarlo, ganar una carrera a una que otra ave.
– ¿Y podremos salir entonces, todos los años?
– Sí, todos los años, un día. Además, no traje tus pastillas, en estos días especiales, tampoco necesitarás medicamentos, solo tu inyección durante la tarde.
– Wuaaauu, ¿Y podré hacer lo que quiera?
– Hmmmm, déjame ver, hmmm, digamos que, podremos hacer lo que queramos.
– Ya, y ... ¿Y podremos ir a parques?
– Sí...
– ¿Y podré hacer nuevos amigos?
– Sí...
– ¿Y podré ... - Y tras unos minutos de interrogatorio, Alfredo usó un sucio recurso.
– ¡Ops! ¿Ves esa señal en el camino? Eso quiere decir que los pasajeros no pueden hablar hasta nuevo aviso, aprovecha y sigue conociendo el paisaje – Desde luego, Esteban se dio cuenta de la mentirilla de su padre, pero disimuló y regresó su atención al camino.
Tras tres horas de viaje, el comandante de la nave anunciaba la pronta llegada a destino. En todo este tiempo no habían aparecido otros vehículos. Gracias a tan curioso hecho, Esteban había elucubrado diversas teorías que explicaban el porqué la otra mitad del camino no era ocupada. En el momento del aviso, el joven pensador inspeccionaba sus ideas, la más aburrida de estas teorías, indicaba que la otra mitad debía ser utilizada en el regreso. Otra teoría más interesante, y la preferida, explicaba muy bien cómo en caso de emergencias un avión o un globo aerostático, y en ciertos casos más truculentos algún animal de grandes dimensiones, podrían utilizar este trozo de camino para... Pero el oscuro manto azul que comenzaba a dominar el horizonte allá lejos detuvo de súbito todo pensamiento del niño, nada lo había preparado para aquella omnipresencia, parecía que alguien había dejado la pizarra en blanco, o en este caso en azul; alguien había olvidado dibujar la otra mitad del mundo.
Llegaron pronto a un lugar de la carretera ubicado al costado de una playa. Luego, tras una pausa solemne observando, como quien contempla a su retador antes de una gran lucha, Esteban se apresuró a salir del vehículo.
- ¡Corre pero con cuidado! Y no te acerques mucho a la playa.
– Sí papi – Habiendo dicho estas palabras, la puerta se abrió de par en par, y entonces el ave planeó su vuelo inaugural en un cielo de arena. Alfredo contempló entonces, cómo se pintaba el cuadro del ave en vuelo ante un cielo nuevo, pero con la seguridad que brinda la confianza infantil. Luego, aquel aguilucho se detuvo en el aire, con todo el respeto de sentirse al borde de un gran abismo, y sintió el niño que era imposible escapar a él, que lo abrazaba para darle la bienvenida, era aquél lugar a donde nunca sospechó regresar. Y este era un lugar para el que los adjetivos eran inútiles.
Un instante después escuchó que su papá se acercaba y corrió hacia él para abrasarlo. Llorando sin saber por qué, su padre lo acogió esperando que su llanto se calmase.
– Bien mi aventurero, ¿Dónde pondremos la tienda? Sugiero que sobre esa pequeña colina, parece firme, buen lugar para instalar nuestra fortaleza – Sollozando, Esteban limpió sus ojos, miró la colina y fue corriendo hacia los paquetes que debían ser trasladados.
– ¡Pero yo la armo!.
El inexperto constructor pasó más de un mal rato enredando cuerdas y mal interpretando los dibujos del manual. Finalmente, tras aceptar un tanto de mala gana, recibió un poco de ayuda y el refugio de los conquistadores estaba preparado para recibir las provisiones y colchones correspondientes.
– ¿Me puedo sacar los zapatos?
– ¿Por qué demoraste tanto en preguntar?
– Ah, es que nunca... - Y salieron entonces zapatos y calcetines. Contemplando
nuevamente el horizonte, Esteban trajo una pregunta y un misterio de milenios- ¿Y qué hay más allá del mar?
– Más allá ... hay otros niños jugando – Esteban distinguió muy bien que su padre no estaba bromeando, y se sintió feliz de estar, de alguna forma, compartiendo esta experiencia con ellos.
– Ah, ¿Y podemos ir nadando hasta allá?
– Sí, pero eso será otro día, debemos prepararnos mucho para poder cruzar el mar nadando.
– ¿Y me puedo mojar?
– ¿Cómo serías un aventurero si no lo hicieras?
El poder hipnótico del vaivén de las olas y su rugir, del murmullo de las pequeñas burbujas de espuma, de las piedritas que masajeaban sus pies al caminar, solo podía ser vencido a ratos por el frío del agua. Frío que lo volvía más consciente y por más consciente más inmerso en ese lugar extraño, muy lejos de las cuatro paredes de su diario vivir.
Llegó la hora de comer y luego de la siesta en el refugio. Tras unas horas de un plácido dormir,
el niño despertó para ver a su padre, en la entrada de la tienda, mirando el horizonte de otro mundo. Un
mundo que orbitaba dos soles. Uno de esos soles, nunca antes visto, estaba a punto de caer.
– Ven a ver, ¿Recuerdas qué te hablé alguna vez de los cometas, y los asteroides?- El niño
asomó su cabeza para observar el espectáculo apoteósico.
– Sí, ese es un cometa.
– Casi, la verdad, nadie sabe muy bien qué es. Tiene brillo propio, y es enorme, que es lo
importante.
A la distancia que ellos estaban, la fantástica masa parecía más grande que la luna. Aunque, lamentablemente, esa masa estaba mucho más cerca que el inocente satélite y se seguí aproximando, atravesando la atmósfera y pronta a caer, más allá del mar.
– Bien, es la hora de tu inyección. No te preocupes, dicen que esa gran roca pasará de largo, ¿No te parece bonita la vista?
– Papi, da miedo - Dijo Esteban sentándose en las piernas de su padre y desnudando su brazo.
– Bien, no te preocupes, estás conmigo y nada ocurrirá – Alfredo inyectaba a su pequeño – Tal vez sea un planeta muy pequeño que nos viene a visitar.
– ¿Tú crees? - Y el niño cerraba los ojos por un repentino cansancio.
– Sí, imagina, qué planeta tan pequeño sería entonces si lo comparas con el nuestro. Tal vez hayan planetas aún más pequeños -Esteban comenzaba a sentirse somnoliento - Imagina, uno tan, pero tan pequeño, que sólo quepan tú, una rosa.
– ¿Y tendría volcanes?– Preguntó Esteban casi cerrando sus ojos.
– Sí, unos muy pequeños, que deberás limpiar todos los días para que no se tapen y estallen.
Esteban imaginó aquel pequeño y curioso planeta. Estando solo ahí, ¡Debía ser que esa rosa pudiese hablar! ¿Cómo podrían hablar los volcanes? Y él no podría estar sin alguien con quien conversar. ¿Qué diría aquella rosa? Le preguntaría primero cómo se llamaba, luego...

Alfredo abrazó fuerte a su pequeña ave, quien emprendió su último vuelo, más allá del mar, del horizonte y del mundo. Aún en este abrazo, la pared gigante de agua abrazó esta vez al hombre, quien había regalado a su pequeña ave aquel bello planeta con la rosa que podía hablar.

Vida

Vida, de mi vida
De mis abruptos y obscenidades
De tus labios que muerden mis dedos
De la lava que escupe mi sexo
De las dudas que empañan mi calma.

Vida
De las semillas que haré germinar
De tus ojos fuego Medusa
De cada muerte que seré culpable.

Vida
De mis alegrías color arcoiris
De tu sonrisa ¡Sonora vida celebra!
De cada flor que no cortaré.

Vida vida vida vida
De mi libertad en la mañana de mis años
De tu entrega como enredadera de mis brazos
Del final que celebra el renuevo.

Vida, tú, tú todas mis veces tú
Porque soy en ustedes
Porque eres en nosotros
Porque somos en mí
¡Porque las lágrimas te confirman de amor!

Amor, vida, ¡Emborrachado de color!
De el hijo que heredará mi insanía
La insanía de celebrarte desnudo
¡Todos desnudos te celebramos!

La vergüenza es tu enemiga
Mi agua mi aire mi sol
Mis pulmones, dedos, hígado, pulgar
De ti deberían escribirse
¡Todos los nuevos testamentos!

Me despierto, no sigo soñando
Pues en ti sueño mi existir
Vida de todos los amores
Vida de todos los milagros.


A Maribel.

¡Día de lluvia!

Día de lluvia
Agua que lava las penas,
Frío que entumece mis manos,
Música estridente
Que amortigua los ruídos terrenales.

Llueve en la primavera de mi libertad,
Aquella
Que cuando encontrada sin buscar
Duele el pecho de sangre hirviente.

No para,
El agua incesante que seduce
A esta tierra que parece tragarla
Con el desespero de pichón hambriento,
Como lo estoy de tu amor radiante.

En huerta de la vecina nueva
El cilantro sigue en pie con porfía,
Allá lejos,
Los perros muertos de frío
Hacen fila a la espera
La espera eterna de volver a nacer.

Sabrás que me dolió el pecho
Hoy cuando te vi
Sin que te dieras cuenta
Tú distraída vestida de blanco.

Me pregunto si alguien
Querrá salir a caminar
A mojarse hasta la vida
Esta tarde de hermosura extraña.

Será mejor, descansar,
Dejar que el agua
Lave mis manos y tu recuerdo.