Frágil como hormiguero
Mi ciudad se muestra esta noche,
Cuando el viento fresco
Conversa con estas hojas,
Antes mudas y ahora ensordecen.
Las ráfagas me regalan aire
Llenando mis venas, quitando el carbón
A estos cementerios de árboles
Que nombro por pulmones;
Que nuevamente parecen respirar.
Observo las casas desde un monte
Luces amarillas, luces blancas
Negando la noche misteriosa
Que me abraza protestando la injusticia.
La protesta surge silbando.
Hojas de árbol y hojas cadavéricas
Hacen el amor en vértigo
Surcando el cielo ahora limpio
Con un soplo del enojo de la Tierra.
Cables se golpean entre ellos,
Nubes corren para no ser vistas,
Álamos marchan por las alamedas,
Perros dejaron de buscar comida,
Acusados de pulgar oponible
Siguen quemando los cuerpos.
Todo esto lo parecen ignorar.
Los refugiados del ladrillo
Cemento, maderos, fonolas, pero
Niños asisten desde sus ventanas
Al rescate de nuestra especie entera,
Guardando el evento nocturno
Sin prejuicios, en preciosas memorias.
Se nutrió mi sangre, mi cuerpo entero.
Con la orgía desatada de oxígeno,
Tomo camino hacia mi propio refugio
Para dormirme oyendo la sinfonía,
Con ramas, techos, objetos volantes,
Casas acomodándose y nadando
Porque sé que en estas sagradas horas
Soñaré que sueño que sueño que respiro.
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